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Las aguas termales de Uruguay no solo atraen turistas, sino que pueden ser la clave para cultivar uno de los alimentos más prometedores del futuro. Un proyecto llevado adelante en Salto por un equipo de investigadores de Latitud en el laboratorio y, luego, a escala piloto en la Posada del Siglo XIX, desarrolló cultivos de espirulina aprovechando el agua termal residual de las piscinas y agua de pozo semisurgente.

La espirulina es una cianobacteria microscópica, que despierta interés en el mercado por ser considerada un superalimento: entre el 60 y el 70 % de su peso seco es proteína de alta calidad. Además, contiene ácidos grasos esenciales, vitaminas, hierro y pigmentos antioxidantes.

¿Cómo se realizó el cultivo?

El agua termal surge naturalmente caliente, lo que crea condiciones favorables para el crecimiento de este tipo de cianobacteria. El agua de pozo tomada del mismo sitio está naturalmente enriquecida en minerales, lo que permitió reducir a un tercio los nutrientes que normalmente se agregan al medio de cultivo, sin afectar el crecimiento. Esto implica una ventaja competitiva que hace más eficiente la producción.

Dado que las aguas subterráneas de la región litoral contienen trazas de arsénico de origen geológico, que tienden a concentrarse en la biomasa, la elección del sistema de cultivo no es un detalle menor. En este sentido, se utilizaron dos métodos diferentes, para obtener dos productos distintos:

Fotobiorreactores de placas paralelas: sistemas cerrados de vidrio y acero inoxidable, con iluminación controlada y calefacción mediante agua termal, monitoreados en tiempo real. Producen espirulina de alta pureza con agua de pozo semisurgente, que separa el arsénico con alta efectividad y logra que sea apta para consumo humano, con la que se pueden elaborar suplementos, bebidas funcionales, ingredientes cosméticos y alimentarios.

Raceway ponds: estanques abiertos donde el agua circula en forma continua, que son más económicos y escalables. Son adecuados para aplicaciones de menor exigencia sanitaria: alimentación animal, colorantes naturales o biofertilizantes.

Nueva metodología de producción de espirulina

El equipo validó un método no destructivo e innovador para monitorear el cultivo en tiempo real: sensores electrónicos que analizan los componentes de color del medio de cultivo.

A medida que la espirulina crece, el cultivo se torna más verde y oscuro; esa señal de color se correlaciona directamente con la densidad celular, eliminando la necesidad de tomar muestras físicas y usar equipos costosos. Así, se puede medir el crecimiento de manera simple, remota y continua.

Rentabilidad de la producción

A pequeña escala, el verdadero potencial económico está en la biorrefinería en cascada: en lugar de comercializar la espirulina en polvo de la forma en que surge del proceso, se extrae primero la ficocianina (pigmento de alto valor en cosmética e industria alimentaria), luego se recupera concentrado proteico, y el residuo se valoriza como biofertilizante o ingrediente para acuicultura. Esta estrategia puede multiplicar hasta cinco veces los ingresos por kilogramo de biomasa producida.

Queda demostrado quela ciencia aplicada a recursos locales puede convertir algo tan cotidiano como el agua termal, en una plataforma sostenible para producir alimentos e ingredientes del futuro.

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